Recientemente (abril de este año) en nuestro país se emitió una resolución firmada por nuestro presidente Óscar Arias y el ministro de Ambiente Roberto Dobles, que permite reactivar las labores de minería a cielo abierto.
Ésta empresa había sido suspendida en el 2002 mediante el Decreto Ejecutivo N.º 30477-MINAE, en el cual, el Ministerio de Ambiente y Energía declaró “la moratoria nacional por plazo indefinido para la actividad de minería metálica de oro a cielo abierto en el territorio nacional.”, considerando, entre otros aspectos, que “el interés nacional mantiene un carácter superior a los intereses particulares”.
Como es de notar, esta posición puede ser variada por Gobiernos futuros (al ser por tiempo indefinido) y obviamente Arias no escatimó en hacerlo.
El proyecto en cuestión, consiste en una concesión minera que se otorgó por un período de 10 años a la empresa Industrias Infinito S.A, que opera con financiamiento y dirección técnica de la canadiense Vannessa Ventures. Dicho proyecto abarca la explotación de oro y plata en la mina Las Crucitas, en la zona norte del país a sólo 3km del río San Juan.
A todo ésto, ¿Qué es la minería a cielo abierto y qué hay de malo con ella? Es una modalidad que acarrea severos impactos para el ambiente. Se caracteriza por remover la capa superficial o sobrecarga de la tierra para hacer accesibles los yacimientos de mineral de baja calidad.
Para desarrollar este proceso, se requiere que el yacimiento abarque grandes extensiones de terreno que es deforestado, y que se encuentre cerca de la superficie. Como parte del mismo, se cavan cráteres gigantescos, que pueden llegar a tener más de 150 hectáreas de extensión y más de 500 metros de profundidad. Cuando el producto son minerales metálicos, y en especial, metales pesados como el oro y la plata, se requiere un alto nivel de procesamiento, así como el empleo de enormes cantidades de reactivos químicos como el arsénico y el cianuro, sustancias altamente tóxicas y contaminantes, que además generan grandes cantidades de desechos.
La experiencia nos dice que los resultados de la implementación de proyectos de minería de metales pesados a cielo abierto en el mundo han sido desastrosos, y se puede evidenciar en casos como los de Hoduras, Guatemala, Perú, Argentina, EEUU, Rumania, Indonesia, etc; donde los derrames tóxicos accidentales, la contaminación del aire y de aguas superficiales y subterráneas, los daños a la salud humana, el desgaste de los suelos, entre una incontable lista de perjuicios irreversibles, han sido prueba de los altos costos ambientales, sociales y culturales que involucra esta actividad y que trae tan poco beneficio.
Se habla de que las empresas interesadas deberán cumplir una serie de acciones eficientes de gestión ambiental... pero sembrar tres árboles no devolverán los nutrientes del subsuelo, y no hay multa que purifique el aire o fuentes de agua potable de la contaminación por derrames de químicos o gases derivados.
Lo que estamos ganando es un nuevo conflicto internacional con Nicaragua, quien condena la reactivación de esta actividad tan próxima al río San Juan que delimita la frontera común, transgrediendo las leyes bilaterales. Pero también con el Mundo y con nosotros mismos, ya que contradice los discursos de amistad y de protección ambiental por los que "somos tan famosos los costarricenses".
Y en realidad tampoco es tanto el beneficio económico que se puede obtener, simplemente la crisis de los metales que sufre el planeta, sumada al fenómeno de la globalización, han hecho que las empresas transnacionales tomen en cuenta países sin vocación minera como el nuestro. Recordemos que la riqueza de Costa Rica no se encuentra en el subsuelo, sino en su biodiversidad y recursos hídricos.
“La ruta del desarrollo sostenible para Costa Rica ciertamente no está ligada a la explotación de minas a cielo abierto que en el pasado y en el presente han demostrado sus efectos negativos. Es momento que estas políticas dejen de depender del vaivén de los gobiernos y pase a ser políticas de Estado.
Costa Rica como sociedad debe decidir si quiere agotar sus recursos naturales para obtener ganancias inmediatas, o hacer un manejo sostenible del ambiente que sea heredado a las futuras generaciones” (Rafael Elías Madrigal, Subjefe de la Fracción del PAC).
sábado 10 de mayo de 2008
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